Con el 10 no alcanzó

Posted by El último diez On 2/13/2011 11:24:00 p. m. 0 comentarios

El regreso de Román, como el anterior ante Argentinos, no pudo ser completo. El 10 jugó bien pero el equipo fue goleado por Godoy Cruz en una Bombonera repleta que, vestida de fiesta, no podía creer lo que veía. Un “deja vú” 58 días después.

El 10 en acción. No pudo torcer la suerte de un Boca que, por los puntos, no gana.
Si esto lo hubiera escrito cuando Pitana pitó –valga la redundancia- el final del partido o aún peor, cuando Carlos Sánchez selló el definitivo 4 a 1, el análisis hubiese quedado a un lado  y una enumeración de insultos se apropiarían del texto. Pero el camino a casa sirvió para sentar cabeza, masticar la bronca y pensar que no todo fue tan malo.

“¿No todo fue tan malo? Perdimos 4 a 1, de local, en el debut del torneo”, me auto retruco. “Se trajeron todos los refuerzos para que el nuevo DT arranque su proyecto de la mejor manera”, la sigo. “Y un equipo desarmado, al que se le fueron las figuras, nos goleó en nuestra cancha”. Basta. Hay muchas cosas para hundirse en la amargura de una nueva derrota Xeneize. Pero hay sólo una que, por lo menos a nosotros los Riquelmeanos, nos puede sacar una pizca de alegría en esta noche gris: la vuelta del diez.

“Deja vú”. Fue lo primero que pensé cuando Ramírez puso el 2 a 0. Me acordé, inmediatamente, del regreso anterior, hace 58 días, en la misma cancha, ante Argentinos Juniors. Un partido favorable, ganable. Un Boca que llega y no convierte. Una defensa floja, que le llegan y le convierten. Y un Riquelme que venía de mucha inactividad y, así y todo, se la rebuscó para ser el mejor de la cancha. La descripción sirve tanto para el partido de hoy como para aquel ante el Bicho.  

Hoy Román se mostró intacto. Activo, movedizo, haciendo lo que más sabe: distribuir la pelota, hacer jugar al equipo y habilitar a sus compañeros. Algún contrera dirá, como pasa cada vez que el 10 pisa el verde césped, que jugó mal. Le encontrará cada falla, cada pelota perdida –que son muy pocas-, cada “desaparición”, porque, para ellos, Román tiene que estar todo el tiempo en contacto con la caprichosa. Pero allá ellos, que seguro cuando los títulos abundaban, disfrutaban la magia y no la criticaban.

Decir que Riquelme la rompió sería exagerado. Pero teniendo en cuenta las circunstancias –primer partido del año, 58 días sin jugar-, hace que no lo parezca tanto. Si sus intervenciones hubieses terminado en goles Xeneizes, la historia tanto para con él como para con el equipo hubiera sido distinta. Grandes pases en profundidad para Calvo y Clemente, con centros que no se supieron aprovechar. Un remate fantástico que estrelló el palo. Una asistencia deliciosa de taco a Palermo, que definió a lo Contempomi. Pinceladas, sí. Pero que si eran goles, como lo terminó siendo el de Erviti, la cosa cambiaba.

Pero la historia fue así. Igual que el regreso anterior. Un diez encendido, por momentos, y un equipo apagado. Una defensa floja, un arquero inseguro, laterales con proyección y sin marca, un medio penetrable y una delantera poco efectiva. “Es un Barenboim con músicos de playback”, me escribían en aquel entonces, tras la derrota con Argentinos. Y la repito hoy. El director de orquesta volvió, pero los músicos están desafinados. 

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